Reflexiones

Todos estaremos de acuerdo de que el movimiento en sí mismo nos ayuda a mantener un estilo de vida saludable siempre que el volumen y la intensidad del gesto sean suficientes.

Al fin y al cabo se trata de ser activos. Es cuando empezamos a movernos por la inercia inherente al ser humano ( aunque en esta sociedad actual no lo aparentemos, estamos diseñados para desplazarnos y sincronizar acciones motrices), cuando nos empezamos a hacer preguntas del tipo:

¿Es bueno hacer siempre lo mismo?
¿Cuanto tiempo puedo acumular?
¿Y si hago dos movimientos a la vez?
¿Por qué me cuesta más hacerlo con una pierna que con otra?.

La evolución detrás de la pregunta

Ese ir más allá indica que la forma de entender y sentir el movimiento está evolucionando, necesitamos entender el porqué de cada patrón motor y buscar aquellos que más nos hagan mejorar a nivel psíco-físico.

Entrenando

Es el momento, en el que evocamos un programa de entrenamiento, no basta con moverse queremos alcanzar el sentido del movimiento. Llegados a esa fase, el sano escepticismo de la duda nos lo pone más difícil todavía, y empiezan las cuestiones infinitas. Las cuestiones que vamos a resumir en dos hipótesis y que queremos someter a debate para que las diferentes experiencias y perspectiva lancen luz al asunto.

El debate

El objeto de debate parte de dos preceptos, a la hora de indicar un movimiento o secuencia de movimientos
¿Debemos enriquecer lo que llamamos la variabilidad inherente al sistema con movimientos que varíen planos, rangos, velocidad de ejecución ..etc.?
¿O por el contrario debemos centrarnos en movimientos «cíclicos», simétricos y predecibles que preserven el riesgo 0 a nivel lesivo?

¡¡He aquí la duda!! lato sensu Vs. Stricto sensu

Autor

Álvaro Bachiller Exdeportista y apasionado de la forma física

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